G de ginger girl, gata, guardarraya y de Gretel

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Me gusta de Gretel, que cuando entras con ella algún lugar no sabes jamás como vas a salir. Puedes salir silbando, cantando, corriendo, con unas raquetas y botando unas pelotas de tenis, con un desodorante en los calzoncillos, con una tostadora en la mochila, con un libro de algún escritor desconocido chileno, una máscara de Catrina o una peluca de David Bowie. O unos condones de fresa y unas esposas.

Me gusta de Gretel que me lleva la contraria y que siempre tiene respuesta para todo. Que es tormentosa e intempestiva, pero que al final, cuando baja categoría de huracán 5 a brisa matutina, hace que su última palabra sea una conciliadora, como ahora, que se ha teñido el pelo de un rojo incendiario a un negro profundo y misterioso y hace ver anticuado el título de este post, pero no importa un carajo por lo bonito que le queda.

Me gusta de Gretel que es mi espejo más perfecto. Me hizo darme cuenta que es muy fácil que me entretenga con cualquier cosa: reconociendo ciudades en un mapa antiguo, identificando el canto de aquel insecto que canta allá afuera, o de canción en canción en bucle en Youtube hasta que me suelta un…..”dale para la cocina mijito que hoy te toca hacerme uno de tus pollos con papas y quiero calidad“.

Me gusta de Gretel que es de Güines y sabe de guateques y de comer guayabas maduras perdida en una guardarraya, y que es de Centro Habana y tiene siempre una frase sorprendente de allá en la chistera como: “Hay que estar aquí y no en la cola del pan”, y que es de este mundo y hace cosas como querer adoptar algún día un niño de la India y donar dinero a fundraisings para llevar juguetes a niños afectados en países destrozados por huracanes.

Me gusta de Gretel que no le importa el hecho que casi nadie le haya regalado la canción de Carlos Varela porque cada novio nuevo ha pensado que se la regaló el anterior, y que me ha pedido que mantenga inmutable esta hermosa tradición, exigiéndome además tres nuevas canciones diarias, en tres idiomas diferentes, como repertorio para usar bajo la ducha.

Me gusta de Gretel que se acurruca como una gata y ronronea cuando la acarician, que lo primero que hace por la mañana es besar y tomar café negro, que le gustan los piyamas coloridos y que exige silencio total en la mesa cuando comemos para contarnos las cosas del día en vez de ir corriendo al televisor a ver la serie de turno, y eso nadie lo hace ya.

Me gusta de Gretel que siempre usa emojis nuevos y no usa otros ya usados recientemente y que hacemos competencias de caras distorsionadas cuando no nos vemos y que terminamos siempre arrastrados de la risa.

Me gusta de Gretel que le guste experimentar nuevos tipos de cervezas artesanales, que siempre sale a bailar aunque nadie más lo esté haciendo y que se tire al agua de la piscina aunque esté congelada y se haya lavado la cabeza ayer.

Me gusta de Gretel que siempre que creo que conozco su universo de gustos visuales me viene con algo novedoso y super extraño: películas marroquíes, comerciales tailandeses, videomappings cubanos, videoclips polacos, películas eróticas hongkonesas de los años cincuenta.

Me gusta de Gretel que es valiente y que no la arrugan los retos (comenzando por el tremendísimo acto heroico de comerse lo que cocino), pero que tiene la sabiduría tremenda de aceptarse en sus limitaciones y en creer en las segundas oportunidades.

Me gusta de Gretel el hecho maravilloso y extraño de que me haga feliz a estas y a todas las horas y que no necesita que le de gracias, aunque comience con g.

Me gustas tú de ti, Gretel.