Business are business, chaval

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Hay imágenes en el deporte, que se aferran a abandonar nuestras retinas por su carga emotiva: Iniesta anotando un gol de Mundial y recordando a Jarque, su amigo muerto en un cancha de fútbol, Ana Fidelia, a fuerza de piernas y con los brazos inmovilizados por las quemaduras y llegando segunda a la meta en Ponce 93, SuperFelix renacido, llorando como niño por su medalla de oro en Londres 2012, cuando todos lo daban por acabado, Derek Redmond lesionado, cruzando la meta con ayuda de su padre en Barcelona 92, el Abrazo del Alma de un pibe sin brazos en Argentina 78, y muchos, muchos otros más.

Hoy en la mañana yo asistí a otro de esos momentos, uno triste, vergonzoso. Asistí al derrumbe de un atleta, peor, al derrumbe y abandono de un hombre, del gran arquero español Iker Casillas.

Ya se sabe que el deporte profesional no entiende de fidelidades y que no tiene memoria, que vales lo que hagas hoy, no lo que representas, como esos zapatos viejos que es mejor botar de tan viejos que están, aunque hayan soportado cada piedra del camino durante años, o te los hayan elogiado en aquella lejana fiesta.

Este año salieron de sus equipos de siempre dos secuoyas enormes como Steven Gerrard y Xavi Hernández Creus, de los últimos magos del balón, ejemplos de constancia y amor a unos colores. En ambos casos fueron homenajeados por el Liverpool y el Barça, respectivamente, esto no es nada extraordinario, es lo lógico.

En cambio, hoy, Iker, que es tan gigante como aquellos, se despidió del Real Madrid y de su afición, leyendo un parco comunicado de prensa, solo, abandonado, roto en lágrimas. Un tipo que llegó con 9 años y que se va(lo van, mejor), después de ser protagonista en 19 títulos. Dicen que la plantilla ya andaba de camino a Australia para la pre-temporada, dicen que así lo pidió. Mierda. Después de 25 años y de tantas glorias, de paradas imposibles como aquella de la final de Glasgow, o aquella al Sevilla, debió haber estado por lo menos un puto recogepelotas en nombre del club en esa sala de prensa, alguien que le pusiera la mano encima y le dijera un “gracias por todo, rapaz”.

Ojalá me equivoque, ojalá rectifiquen y se le reconozca el mérito. Nada del otro mundo, agradecimiento básico, pues parte de los éxitos actuales de ese club se la deben a ese tipo callado de allá atrás. Quizás todavía haya esperanza de que el fútbol sea jugado más por seres humanos y menos por objetos mercantiles. Quizás todavía queda algo ahí del deporte que amamos.

Pero hoy, el Madrid fue menos Real. Hala a ti Iker, pero ya sabes, business are business, chaval.

Aquí mi homenaje:

Un pensamiento en “Business are business, chaval

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