Y yo tengo a la N

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Estas letras tienen algo de injustas. No se debería hablar de un amigo en particular cuando uno es lo suficientemente dichoso como para tener legiones de tanta buena gente a la cual brindarle par de palabras. También, porque para la amiga en cuestión, de esas que son a prueba de balas, sobran los homenajes, las palabras con flores, y los halagos que hablen de un cariño que es mutuo y consabido. Pero es que hoy, sabiendo lo mucho que todo esto sobra, también soy consciente de lo mucho que ella me falta y me tomo el tiempo de hacérselo saber, de intentar provocar su risa o quizás alguna de sus lágrimas (no es un adorno literario, a veces le da por eso, ella es boba así).

Ella quebró un jarrón que tenía por verdadero. Yo, les digo, no creo, o no creía en que pudiera existir esa complicidad gigante, ese conocimiento mutuo que nace en una amistad completa, con una mujer. No me culpo tampoco, siempre me pasó así, candidatas hubo varias pero eventualmente, me noqueó una idea propia defendida a ultranza, una inteligencia que deslumbra traducida en frases inteligentes, una mirada, un mechón de pelo sobre los ojos, un gesto descuidado, una sensualidad abrumadora al bailar, o para que mentirles, un buen par de senos(aquí vendría tetas pero intento ser decente) y unas piernas hermosas, llevadas como Dios manda. Solo que la N fue diferente, entró sin permiso, como N por su casa (como N por mi vida, mejor) y plantó bandera.

Tiene mil costumbres encantadoras y manías inexplicables, algunas francamente incomprensibles aún hoy en día para mi. Sería capaz de dejar un rissotto de 50 euros, en la Piazza della Signoria en Florencia si viera una pestaña en una esquina del plato. Eso, para quien se crió comiendo en bandejas de comedores escolares de dudosa higiene, es, cuando menos, desconcertante. Es de fácil llorar y de fácil reir, con una risa explosiva y espontánea que le cuesta detener una vez que comienza, el problema es cuando hace las dos cosas en cuestión de segundos, y a uno no le alcanzan los exiguos conocimientos de psicología para lidiar con esa situación. Baila un casino de altos quilates, con un tumbao muy de ella y es además, la melómana más grande que conozco, la música la lleva en la sangre (en serio, la respira, vive por ella, es increíble y una fiesta a los sentidos pasar toda una noche navegando en sus recomendaciones), pero es incapaz de abrir los Terabytes de jazz rarísimo, indie, trip hop y cuanto género musical que aún ando googleando de su disco duro, a inclusive personas cercanas y queridas. Es su tesoro y también motivo de nuestro desencuentro inaugural, recién después de (re)conocernos(si, porque ella me seguía la pista desde hace mucho, solo que no se atrevía a preguntarme cualquier cosa boba para acercarse a mi). El asunto es que ella, haciendo un alarde de bondad, me compartió su música, pero con la mala suerte que no contó con que yo corriera a anunciarle al mundo mi hallazgo. No me dio explicaciones, pero nunca voy a olvidar a aquella muchacha nerviosa y loca (la creí y la creo loca, pero una loca buena),llamándome aparte a decirme consternada, que no lo hiciera, que estaba divulgando su mundo interior, un pedazo de ella, y yo juraría que solo compartía música.

Ella me ha sacado de tantos huecos que debería hacer carrera en eso, me ha sacado cigarros de la boca y me ha dicho, con todo lo fuerte que tiene en su voz, que me deje de comer mierda y que me afeite, que mucha mujer por amar hay por ahí. Me ha ofrecido su tiempo siempre que lo he necesitado, su comida también, incluyendo unas lentejas de espanto que la muy maldita sabe que me matan, además de las noches interminables de consejos y de un amoroso sofá que me clavaba cada muelle en su casa, cuando me dolía regresar a encerrarme en la mía.

Pero es precisamente lo que no me ha dado y estaría dispuesta a darme lo que me hace quererla, y mucho. Hoy, estamos lejos, luchando con un cuchillo en los dientes y sin permiso de nadie por nuestros sueños. Quizás seamos cada vez mas distintos y que cada vez nos parezcamos menos, quizás evitemos hablar de política, de economía y del futuro de nuestro depauperado país, porque son temas donde chocamos todo el tiempo. Pero yo la espero, ella sabe que me debe un baile de swing en algún bar o disco de una ciudad X, me lo prometió una vez en una callejuela oscura de la Habana Vieja y los 510.072.000 km² de este planeta no son suficientes para que ella se me esconda. Y de nuevo nos trataremos de “chama y loquilla”, yo usaré sus chancletas o ella las mías y las parejas de turno, tendrán que irse a a algún parque a esperar que ese par de locos terminen esa conversación que ya va siendo demasiado larga.

Es que yo, como dije, no me quejo, me considero afortunado en este mundo a veces cruel y lleno de soledad, pues tengo a la A, a la C, a la D,a la R,a la L, a las Ms, al F, al A y al alfabeto entero como mi pandilla irrenunciable de amigos. Cada uno de ellos hacen del mundo un lugar habitable con su sola presencia, pero todos tenemos un Huck Finn, un Sancho(no hagan dobles lecturas, no en su caso, lo recomiendo) o un Watson, y yo, gracias a la deidad de turno que me está escuchando, yo tengo a la N.

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